Esther Morales - Psicóloga Clínica y Educacional - Chile
La cultura occidental privilegia las apariencias, el éxito económico, lo banal, lo superfluo, las mentiras, el engaño y como todos crecimos dentro de ella, así como nuestros padres también, esto se perpetúa y no cambia. Encontramos que es normal ya que todos lo hacen así.
Algunos le llaman la Matrix, otros el Inconsciente Colectivo, pero es lo mismo: una vida de imitación respetando la cultura en que nacimos, sus códigos, normas y leyes, al igual que lo hacen las religiones y la política, y en donde se castiga la disidencia, el pensar en forma diferente, el oponerse a lo establecido, la conducta consecuente con una identidad que la persona no puede traicionar porque proviene de su interior.
Los partidos políticos y las religiones a través de miles de años han hecho muy bien su trabajo de adoctrinamiento, creando una sensación de separación, superioridad, división y han facilitado conflictos armados entre compatriotas llamadas guerras civiles, terrorismo, dictaduras, guerras con otros países para apropiarse de su territorio y riquezas, emigración, genocidios, etc.
Una persona bien “adaptada” en la cultura occidental no corre ningún riesgo, pertenece a la manada, es un cordero igual a todos, vive en su zona de confort, sonriente, pasivo, no molesta a nadie, es aceptado e incluso querido por todos. Va al colegio, luego a la universidad, encuentra un trabajo, se casa, tiene hijos, acumula bienes materiales, envejece y muere.
Sin embargo sabemos que los grandes genios de la humanidad, inventores, artistas, escritores, líderes de masas, personas altamente espirituales, fueron rebeldes, se opusieron a las leyes de su tiempo, llevados por una fuerza interior que la manada rechazó rotundamente y muchos de ellos pagaron con cárcel, tortura e incluso la muerte. Lo bueno es que a pesar de ello su legado permaneció y fue entendido y valorado muchos años después.
Si nos posicionamos en el tiempo presente y desde hace varios años, vemos un avance explosivo de la tecnología que ha atrapado especialmente a niños y adolescentes que están en proceso de maduración, aún no definen su identidad y son fácilmente sugestionables: redes sociales, juegos electrónicos, adicción a las pantallas, sexo y pornografía, etc.
En la Encíclica Magnifica Humanitas, el Papa León XIV señala los riesgos de la IA y dice que la tecnología no puede avanzar sola, ni estar regida por el mercado, la velocidad o ventaja estratégica: debe responder a la dignidad humana, la justicia y la paz.
El mundo actual privilegia las apariencias, el placer inmediato, la superficialidad, los excesos, el aceleramiento, el éxito material, la desconexión con otros y produce una desvalorización de los procesos humanos: los ciclos, el paso del tiempo, la madurez, la toma de conciencia, a nivel individual los cambios que traen las diferentes edades: niñez, adolescencia, adultez y tercera edad, así como también procesos colectivos y sociales tanto en nuestro país como a nivel internacional y mundial.
Cuando atiendo a mis pacientes adultos, siempre les explico que la situación de desequilibrio, pérdida, dolor y confusión que atraviesan es producto en muchos casos de lo vivido en su infancia, con sus padres, en el hogar, el colegio, lo cual incide fuertemente en la construcción de su personalidad y determina el tono que imprimen a su vida a través del tiempo.
Hay personas que atraviesan crisis personales, de pareja, con los hijos, en el trabajo, con la familia, etc. y allí lo que se aprecia es que esta situación se viene gestando hace tiempo, a veces años, y que la persona ha tolerado autoengañándose, soportando, normalizando, guardando silencio, sin ser capaz de ver una salida o compartir el problema con alguien de confianza. A esto le llamo el “efecto volcán”: algo se acumula hasta que explota.
Algunos se desesperan porque en un momento todo se cae, se termina, no hay de donde afirmarse, se siente como una caída en picada, no se encuentra la salida y se cree que esta desfavorable situación nunca terminará.
Lo que ocurre en estos casos es una “crisis vital”, un tocar fondo necesario para hacer una toma de conciencia, decidirse finalmente a pedir ayuda profesional y comenzar a hacer los cambios necesarios, que permitirán a la persona sanarse en forma integral y tener una vida más armónica y equilibrada.
Todo en la vida es cíclico: nuestra vida, las parejas, los hijos, los trabajos, etc. Esto significa que algo nace, se desarrolla, llega a su peak, decae y termina. No reconocer el fin de un ciclo solo trae infelicidad, enfermedades físicas, psicológicas y estancamiento vital.
Un ejemplo de esto es un matrimonio rutinario, donde ya no hay amor, no se comparten momentos gratos, no hay sexo y en muchos casos existe maltrato psicológico y físico, pero donde se decide seguir juntos por el qué dirán, por costumbre, por los hijos, por miedo a estar solo(a), etc.
Como dijo Sócrates “conócete a ti mismo”. Mi llamado, consejo o sugerencia es que vivas en conexión contigo mismo. La cultura en que vives quiere lo contrario, te desconecta de tu yo, de tus características únicas, de tu individualidad, de tu potencial y lo más grave: de tu ser superior, de tu intuición. Hoy la televisión, las redes sociales y la Inteligencia Artificial están logrando una peligrosa alienación individual y colectiva desde la infancia.
Cuando estás conectado contigo tienes armonía, equilibrio, paz, fuerza y decisión. Respetas tu cuerpo, sabes cómo cuidarlo, te enfermas poco, eres original en lo que haces y cómo vives. Nadie puede influirte o dominarte y menos manipularte o maltratarte. No caes en adicciones. Las decisiones que tomas te dejan tranquilo(a) y vas viviendo las diferentes etapas de tu vida sin querer retroceder al pasado, porque aceptas el paso del tiempo como una condición de madurez y mayor sabiduría.
Cuando en terapia le pido a mis pacientes que mencionen sus virtudes y defectos, la segunda lista es muy larga y la primera demasiado corta. No debemos luchar contra nuestros defectos y carencias, sino aceptarlos con compasión y fortalecer la característica contraria. Por ejemplo: si eres egoísta, empieza a hacer pequeños actos de generosidad.
Revisa cómo están tus ciclos, no alargues los finales. Decide y actúa, haz los cambios necesarios para renovarte y empezar nuevas etapas. La vida terrenal es muy corta. No culpes a otros, toma el control de tu existencia y sigue adelante. A pesar de todas las pruebas y sufrimientos, un día te darás cuenta de que LA VIDA ES BELLA PARA TI TAMBIÉN.